Dios hace justicia sobre las injusticias

Hoy, veremos a la luz de las Escrituras, que a Dios se le puede pedir bíblicamente justicia ante las injusticias. Hay personas, que piensan que pedir justicia es una acto de un corazón resentido que pide a Dios venganza ante lo sucedido. Vamos a ver este tema a luz de las Escrituras; para de esta forma entender la diferencia entre tener sed de justicia, ho contrariamente tener sed de venganza.

1. Vengarse no lo mismo que pedir justicia.

Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mt.5:6.

       Jesús, nuestro Señor, nuestro pastor, y sumo sacerdote; enseño sobre tener sed de justicia, y que Dios haría justicia sobre las injusticias. Nuestro Amo, y Señor Jesucristo, no dijo en el milenio les será saciada vuestra sed de justicia. Jesús estaba hablado en tiempo presente, y en tiempo futuro; de que toda alma con sed de justicia seria saciada. Por supuesto, esto solo aplica a los que con razón de causa piden a Dios justicia.

Contrariamente a tener sed de venganza, es un acto que nace de un corazón sin temor de Dios, un corazón que aun no ha nacido de nuevo. Bíblicamente, venganza no es lo mismo que pedir a Dios justicia. Según la RAE, venganza significa: “Satisfacción que se toma del agravio ho daño recibidos.” “Castigo, y pena.” En otras palabras, la victima, siente satisfacción cuando logra vengarse de su agresor; pero esto no procede de un corazón que realmente ama y teme a Dios. De un corazón que ama, y teme a Dios en espíritu y en verdad; no salen de su corazón deseos de venganza, ni desea el mal para su prójimo.

Que dice la Biblia sobre la venganza: Ro. 12:14-21.

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. 15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. 16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. 17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”  Enriquecedora, es la palabra de Dios, resúmenoslo:

  1. Bendecir, y no maldecir a los que nos persiguen.
  2. Gozarse con el que tiene gozo en su corazón, y llorar con aquel que sufre.
  3. Mantener la unidad, y la humildad.
  4. Asociarse con los humildes.
  5. No vengarse.
  6. En cuanto dependa de uno mismo, mantener la paz con todos.
  7. No vengarse, y dejar a que Dios imparta justicia.
  8. Darle de beber, y de comer a tus enemigos.
  9. Vence al mal, con el bien.

      En palabras claras: Dejar todas las cosas en las manos de Dios es la clave, ya que Dios sabe mejor que nadie impartir justicia. Así que, pedir justicia no lo es mismo que tener deseos de venganza. El pseudo creyente, ho el incrédulo en la fe, experimenta sed de venganza en su corazón; esto debido a que su corazón y su alma aun no han sido redimidos por la sangre de Cristo. Un veredero nacido de nuevo, de su corazón no salen malos pensamientos, y mucho menos deseos de vengarse de sus enemigos.

Por lo tanto, clamar a Dios pidiendo justicia, es un derecho concedido a los hijos de Dios; pero jamás el defendernos a nosotros mismos.

Os comparto, un caso en donde pude ver la justicia divina en mi vida; de las muchas veces que he palpado su justicia divina. Dios me hizo justicia, caso:   Los siete pasteles. Iglesia Cristo Centro en ese entonces, Cd. Guadalupe N.L. México. Iglesia apostata, de la cual por tres años fui miembro activo; sufrí muchísimo en esta iglesia en donde nunca fui totalmente aceptada. No me alcanzaran los días, para agradecerle a Cristo el haberme rescatado de la mismas garras de Satanás. Iglesia que se distinguía por doctrinas de demonios; “liberación y guerra espiritual”. Mas adelante, subiré si Dios me lo permite a esta humilde pagina Web, algún tema con relación a doctrinas de demonios; cuando Dios me lo indique lo are.  Yo le titule a esta experiencia, los siete pasteles

      Era su humilde servidora, una mamá muy joven, con dos hijos muy pequeños. A una cuadra de mi casa, se abrió una obra con doctrinas que yo nunca antes había escuchado hasta ese entonces; doctrinas de demonios. Y caí en la trampa en su momento, y ojo, aun habiendo nacido de nuevo; y habiendo sido instruida en la sana doctrina. Dios permita que esto que comparto en el temor de Dios, le pueda servir a otros, amén. Era la primera vez que se me ofrecía un puesto para servir en esta iglesia; Maestra de escuelitas de verano, a niños de tres a ocho años de edad. Recuerdo, que éramos muy pocos los miembros de la iglesia, no mas de ocho a diez personas. Mi hambre de servirle a Dios, me llevaba hacer lo que fuera por agradar a Dios, y servirle a mi Señor Jesucristo. Para ese entonces, ya Dios me había bendecido con varios dones espirituales; pero aun falta crecer en la fe, en la sana doctrina no adulterada.

Recuerdo, que caminaba mucho; yendo de casa por casa a pedir a los padres de familia el permiso para que sus hijos asistieran a las escuelitas de verano. Mi grupo de niños era el mas numeroso, lo recuerdo muy bien. Los hermanos, los pocos que éramos, conforme a nuestras necesidades; les ofrecíamos a los niños alimentos durante las clases de verano. Fruta, galletas, palomitas, lo que fuera, lo que podíamos ofrecer. Fue una semana de intensa labor. Días antes de la clausura de la escuelitas de verano, la esposa del pastor me pidió que si podía hacer algún pastelito para la clausura de las escuelitas de verano, ya que no habría comida pues no había para compartir. Con mucho gusto, asumí la responsabilidad por Cristo lo que fuera; yo me sentía mas que feliz. Quise darle una sorpresa a la iglesia: Yo elabore, siete pasteles, para los niños y padres de familia que asistieran. Me quede sin dinero, y sin quincena para nada; pero por Cristo haría lo que fuera. Fui a comprar lo necesario para los pasteles. Una hora antes del evento, fui a casa de los pastores, a una cuadra y media de mi casa; para pedir que me ayudaran para llevar el “pastel.” En realidad, eran siete pasteles; calculado para que todos alcanzaran, adultos y niños. La esposa del pastor, me dijo a una hora antes de comenzar la inauguración, que me quedara con el pastel; que su mama compraría el pastel para los niños, que me quedara con mi pastel. Yo me quede muda, y con un nudo en la garganta que no puede pronunciar ni una sola palabra. Había echado la casa por la ventana, me había quedado sin dinero para la quincena, y con siete pasteles en la mesa de mi humilde casa. Regrese a casa llorando, a una hora de la clausura. Recuerdo, que partí los pasteles a la mitad, y los regale a mis vecinos. Llegue como siempre puntual a la celebración. Antes que los demás llegaran, ya estaba yo allí; y era de los últimos en retirarme a casa siempre. Al llegar a la iglesia, que era la casa del pastor, llego la hermana que llevaría el pastel, la mama de la esposa del pastor. El pastel, era tan pequeño que no alcanzaría ni para los niños. La esposa del pastor se me acerco al oído y me dijo: __ ¡Aun tienes pastel en tu casa hermana Lulú; no se alcanzara con el pastel. Yo le respondí que no tenia pastel, y su rostro fue un no te creo. Yo comencé en esa iglesia, cuando los pastores solo eran ellos dos, dos hijos pequeños, y la mama de la esposa del pastor. No había mas miembros, venían otros hermanos del mismo concilio a apoyar de vez en cuando a la obra naciente; después llegaron otras personas.

Conclusión: El pastel no fue suficiente. Nunca antes había escuchado doctrinas de demonios, hasta que llegue a la iglesia en mención. Nunca antes, había sido humillada hasta que llegue a esta iglesia; esto durante mi membrecía. Esto es solo una experiencia vivida, de muchas mas que vinieron después. Eran los primeros meses de esa obra naciente, y yo no abandone la iglesia a pesar de la humillación que recibí. En deuda estoy con mi Amo y Señor Jesucristo. No me alcanzaran los días para darle gracias a mi Señor, por todo lo que sufrí en esa iglesia; ya que hoy, por hoy, estoy capacitada para defender la sana doctrina no adulterada. Gloria única a usted, amado Señor Jesucristo. En deuda estaré por siempre con usted mi Amo y Señor Jesús. Gracias por sacarme de la apostasía, mil gracias. Ya han pasado 24 años desde que salí de esa iglesia apostata a Dios gracias. Los pastores de esta iglesia en mención, se vinieron de México a vivir acá en USA, son “apóstoles” hoy en día.

2. Dios imparte justicia.

       No dudo que haya en el mundo, jueces profesionales que saben impartir justicia terrenal, y además con carácter humano. No dudo que haya en el mundo, jueces capacitados para ejercer bien su profesión; pero ninguno de ellos se asemeja al único y sabio Dios juez justo. La Biblia, nos hace referencia a la importancia de orar, y no de no desmayar. La Biblia, deja la constancia hablada, y escrita de el privilegio de ser hijo de Dios. Los escogidos, los hijos de Dios, cuando se a cometido algún agravio contra ellos; Dios personalmente impartirá justicia a su tiempo según las Escrituras.  Leer Lc. 18:1-14. El creyente genuinamente convertido, así pase por la mas terribles de las pruebas, ni renuncia a su fe; y mucho regresa al pozo de donde Dios le saco.

Jesús se refirió al futuro: ¿Hallará fe en los hombres cuando Él regrese? Los que aman a Dios en humildad de espíritu, jamás pierden la fe en Dios; por el contrario viven las pruebas aceptando la voluntad de Dios en cualquier circunstancia. Jesús hace referencia, sobre los hombres que menosprecian a los otros. El fariseo, menospreciando a el publicano. El fariseo, cuando ora no entra en una relación directa, he intima con Dios; por el contrario ora para consigo mismo. Es decir, cuando ora busca lo suyo propio en lo profundo de su corazón; se enaltece, y se considera a si mismo justo. Piensa que por buenas obras será salvo, y menosprecia a los demás. El publicano, allá, a lo lejos apartado; considerándose así mismo inmerecedero de la gracia de Dios. En su corazón, clamaba a Dios suplicando el favor de Dios para con su vida.

Jesús dijo: el publicano alcanzo justificación por su temor a Dios, y a su tiempo será enaltecido. Mientras que el fariseo, no alcanzo justificación, y a su tiempo será humillado.

 3. Sin el temor de Dios no se alcanzara justicia.

      Observemos algunas cosas, ho circunstancias, que nos alejan de Dios; y por ende de que se nos haga justicia divina de necesitar requerirla.

El pecado en general, no solo nos aleja de Dios, sino que además nos priva del privilegio de contar con la mejor legislación del mejor abogado; Jesucristo. Pecados, como: Robar. Matar. Ultrajar. Repudiar al alguien. Iniquidad de cualquier tipo. Adulterar. Fornicar. Enaltecimiento. Orgullo. Avaricia. Mentir. Sentir que no se tiene nada de que arrepentirse ante Dios. Blasfemar contra Dios. Adquirir ganancias deshonestas. Levantar falso testimonio. Engañar. Obtener ganancias deshonestas. Hacer negocios sucios. Aprovecharse de los ingenuos; ejemplo al extraer el salario a un trabajador, ho negarle sus derechos. Lucrar con el Evangelio de Cristo. Sentirse que ya lo sabe todo. Sentirse, ho reflejar, que solo esta para dar espiritualmente hablado, pero no esta para recibir de otros. Mirar por debajo al pobre, ho al que menos capacidad tiene que el. No extender la mano cuando el prójimo tiene necesidad; esto cuando dice tener amor y temor a Dios, y sus acciones dicen lo contrario. Ho, cuando sus palabras son suaves lisonjas engañando a los ingenuos; etc.

La diferencia entre un juez injusto, y las acciones justas y sabias, del único Dios verdadero son evidentes. Sal. 7:11-17.

        Cuando el impío, ho pseudo creyente, no se arrepiente de su maldad y continua pecando; el justo juicio de Dios será inminente. Dios es en extremo paciente, pero cuando llega su tiempo de impartir justicia; la mano de Dios cae con todo el peso de la justicia divina.

Dios da tiempo de arrepentirse a quien ha pecado, una y otra vez. Dios es en extremo paciente; un atributo divino de Dios inigualable por nadie mas. Pero cuando Él determina ejecutar justo juicio, los resultados pueden llegar hacer nefastos para el hombre en rebeldía.

Dios, repito, da oportunidad muchas veces de que el hombre vuelva su rostro a Él, en obediencia; pero si esto no sucede, sus justos juicios se manifestaran tarde que temprano. Finalmente, no será Dios quien echara esa alma en el pozo sin escapatoria, el infierno; sino el pecado del hombre que no hizo otra cosa mas que cavar su propio pozo con sus pecados hasta caer el.  Por ello, amados en Cristo, mejor es temer a Dios, y alejarse del pecado y de todo lo que Dios aborrece; para así evitar que los justos juicios de Dios no nos alcancen. ¿Y que cosas aborrece Dios? Dios aborrece, todo lo que no procede de Él, de su palabra, y del pecado en general.

Si alguien a cometido un agravio injustamente contra ti, no te defiendas, deja todo en las manos de Dios; Él personalmente impartirá justicia divina a su tiempo. Si no metes un solo dedo para defenderte, veras tu ho los que te conocen, la justicia divina en plena confirmación bíblica.

Dios es justo, y Él esta airado todos los días contra los que pecan. Dios no ama al pecador, ni tampoco ama a sus pecados. La apostasía predica este último punto contrariamente. Ellos dicen, que Dios no ama los pecados del los pecadores; pero que si ama al pecador. Por ello se conducen lejos del temor de Dios, justo porque tergiversan las Escrituras a su antojo. Dios es Santo, y no ama al pecador, ni soporta a sus pecados.

El genuino creyente, sabe que Dios sabe hacer justicia; la clave es dejar todo en las manos de Dios. Ya Dios conforme a su voluntad, y su justo juicio, ara conforme crea conveniente a su tiempo; amén. Caso, Vanya el soldado ruso; sin duda Dios sabe impartir justicia.

 4. Cuida tu corazón al ver que Dios impartió justicia.

     Por último, pero no menos importante. El corazón que de verdad teme a Dios; no se goza cuando llega el momento en que percibe que Dios le ha hecho justicia. Por el contrario, siente pena por el castigo que a recibido su prójimo. Siente pena, y hasta dolor, al ver el sufrimiento de sus adversarios. Pedir a Dios justicia es un privilegio bíblico, otorgado a los hijos de Dios; sin embargo, gozarse al ver el sufrimiento que experimenta el que causo tanto daño; no procede de alguien que se dice amar, y temer a Dios.

En otras palabras, no te regocijes cuando veas que tus oraciones llegaron hasta el mismo cielo,  y después llego la justicia divina al tiempo de Dios:

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse;
Mas los impíos caerán en el mal.

17 Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes,
Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón;

18 No sea que Jehová lo mire, y le desagrade,
Y aparte de sobre él su enojo.”  Pr. 24:16-18.

        Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para reconocer nuestras faltas delante de Dios, y de los hombres; y luego en acciones justas proceder al arrepentimiento que seria el primer paso. Si se desea alcanzar misericordia, y que los justos juicios de Dios no nos alcancen; debemos acatar a la palabra de Dios con prontitud. Reconocer que hemos fallado ante Dios es sabio. Reconocer el pecado que esta alejándonos de Dios, es agarrase de la mano de Dios con determinación, clamando a Dios para no soltarnos de su mano. Y por último, cambiar el rumbo de vida es vital, dejando el camino que conduce a la perdición, y seguiendo el Camino que nos lleva a la vida eterna.

“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. 14 Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; Mas el que endurece su corazón caerá en el mal.” Pr. 28:13-14.

 5. Conduce tu vida en justicia, Dios así lo demanda.

Dt. 16:20. Dios jamás puede ser burlado. A Dios jamás se le puede engañar, ni manipular. Quien dice ser cristiano, sus hechos deber ser claramente el reflejo de Cristo en su vida. Dios nos demanda, vivir, y caminar en justicia; esto significa vivir en santidad y en el temer de Dios. Quien de verdad dice ser hijo de Dios; este debe reflejar con palabras y acciones que Dios habita en Él. 1 Juan 2:1-6. Dios le bendiga grandemente.

Lourdes Rangel Ministries

Al Servicio de Jesús y Su obra.

6 de Octubre del 2020.

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